Por qué la resiliencia climática comienza en el ámbito local

Por Vasileios Latinos,
Responsable de Resiliencia y Adaptación al Clima, ICLEI Europe

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El cambio climático ya no se percibe como un desafío global lejano. El calor extremo está transformando los espacios públicos y supone una amenaza para la salud. Las inundaciones están afectando infraestructuras y servicios esenciales. La sequía y el estrés hídrico están sometiendo a las comunidades y a las economías a una presión cada vez mayor. Los peligros costeros y otros peligros relacionados con el clima están cambiando las condiciones en las que las ciudades y las regiones planifican su futuro.

La magnitud del desafío es global, pero sus efectos se suelen sufrir a escala local. Esto hace que la planificación estructurada de la adaptación sea una parte esencial de la ecuación de la resiliencia, y que suponga una importante oportunidad para la comunidad normalizadora internacional.

Esa oportunidad formará parte de las conversaciones en la Reunión anual de ISO 2026 en París, donde me sumaré a una sesión acerca de la adaptación al cambio climático y la resiliencia bajo el lema de este año: «Fomentar la confianza en un mundo cambiante».

La adaptación exige un sistema de planificación

En toda Europa, no faltan conocimientos acerca de la adaptación ni soluciones individuales. Las ciudades y las regiones están elaborando planes de acción frente al calor, restaurando humedales, rediseñando los espacios públicos, reforzando el manejo de las inundaciones, adaptando las infraestructuras y mejorando los sistemas de alerta temprana.

Sin embargo, la adaptación no se puede lograr mediante medidas aisladas: requiere decisiones en todos los departamentos, sectores y niveles de gobierno. La información acerca de los riesgos climáticos se debe traducir en prioridades e inversiones. Los ciudadanos y las comunidades afectadas deben desempeñar un papel significativo. Es vital monitorear los progresos y ajustar los planes a medida que los riesgos evolucionan.

En otras palabras: la adaptación requiere un proceso. 

Esta perspectiva se basa en los más de 15 años de trabajo de ICLEI Europe con municipios, regiones y comunidades en materia de adaptación y resiliencia.

Las normas pueden ser un aporte destacado en este ámbito. Una buena norma no prescribe la misma solución para todos los lugares. Brinda una estructura común a través de la cual las comunidades pueden comprender sus riesgos, asignar responsabilidades, involucrar a las partes interesadas, priorizar las acciones, movilizar recursos y aprender de la implementación.

Este es el propósito de ISO 14092 sobre la adaptación al cambio climático, que proporciona requisitos y orientación sobre la planificación de la adaptación para los gobiernos locales y las comunidades. Publicada a principios de 2026, brinda un marco estructurado para la planificación de la adaptación local, abarcando facetas como gobernanza, implicación de las partes interesadas, evaluación de riesgos climáticos, implementación, monitoreo y mejora continua.

Su publicación constituye un hito importante, pero también debería marcar el inicio de un debate más amplio: ¿cómo podemos garantizar que las normas se integren en la implementación cotidiana de la adaptación?

Las normas se basan en las realidades de quienes tienen que ponerlas en práctica.

Fomentar la resiliencia en las comunidades

Para los gobiernos locales y regionales, el desafío no consiste simplemente en identificar los riesgos climáticos. Deben determinar quién es responsable de abordarlos, de qué manera se decidirán las prioridades, de dónde procederá el financiamiento y cómo se integrará la adaptación en la planificación territorial, la inversión en infraestructuras y los servicios públicos. También deben ser capaces de demostrar si sus acciones están reduciendo realmente la vulnerabilidad y aumentando la resiliencia.

En ICLEI Europe, trabajamos con los municipios y regiones para aunar reunir estos distintos elementos en una planificación estructurada. Nuestra función no es simplemente ayudar a elaborar una estrategia climática más, sino reforzar la capacidad de los gobiernos locales para comprender los impactos y las presiones, actuar ante los riesgos y acelerar la implementación mediante la colaboración, el aprendizaje y el acceso al financiamiento.

Como aliados en diversos proyectos financiados por la UE, ICLEI Europe ayuda a traducir esa ambición en medidas prácticas sobre el terreno. A través de Pathways2Resilience, estamos ayudando a las regiones a desarrollar vías transformadoras de resiliencia climática, a reforzar la capacidad institucional y a crear las condiciones necesarias para la inversión y la implementación. La iniciativa AdaptationHubs también está reforzando los vínculos entre las prioridades nacionales de adaptación y las realidades locales a través de 27 Centros Nacionales de Adaptación repartidos por todos los Estados miembros de la UE, que ofrecen orientación, aprendizaje entre pares y apoyo a la gobernanza multinivel.

Esta implicación práctica también se refleja en el papel formal de ICLEI en el desarrollo de normas. ICLEI ha sido el organismo de enlace del comité técnico ISO/TC 268, Ciudades y comunidades sostenibles, desde 2012; desde 2020, preside su homólogo europeo, el CEN/TC 465. A través de estos roles, contribuimos a incorporar la experiencia de los municipios y comunidades a la labor de normalización, incluida la norma EN 18140 de terminología y clasificación de las soluciones basadas en la naturaleza y el proyecto CEN/TR 18414 de enfoques de la resiliencia territorial.

Estas experiencias apuntan a una lección fundamental para las normas: la adaptación no es obra de una sola institución o sector. Los gobiernos nacionales pueden establecer marcos políticos y normativos, pero las autoridades locales, los proveedores de infraestructuras, las comunidades, las empresas y la sociedad civil los traducen en medidas prácticas. Sus esfuerzos deben estar conectados.

Hacer la adaptación más atractiva para la inversión

Una planificación estructurada es clave por otra razón: el financiamiento. La adaptación sigue siendo difícil de financiar, en parte porque el riesgo climático suele estar poco relacionado con las carteras de proyectos, las decisiones de inversión y los presupuestos públicos. Un plan de adaptación creíble puede cambiar esta situación al establecer una cadena transparente entre riesgo, prioridades, intervención, resultados esperados y monitoreo.

La comunidad normalizadora internacional ya cuenta con importantes elementos de partida. Junto con ISO 14092, ISO 14090 establece principios generales para la adaptación, ISO 14091 aborda la evaluación del riesgo climático e ISO 14093 establece un mecanismo para canalizar el financiamiento climático hacia las autoridades infranacionales a través de subvenciones de resiliencia basadas en el desempeño.

Estas normas apuntan a una arquitectura más coherente que vincule la evaluación de riesgos, la planificación y el financiamiento, pero también requieren coordinación en la práctica. Un responsable climático municipal –a cargo de la adaptación, la neutralidad climática y la energía con recursos muy limitados– no debería tener que lidiar con normas, marcos y terminologías inconexos para pasar de una evaluación de riesgos a un programa financiado. Las normas deben proporcionar una vía clara que vaya desde la comprensión del riesgo hasta la planificación, la implementación, el financiamiento, el monitoreo y el aprendizaje.

También aquí, la normalización puede contribuir a generar confianza. Las comunidades necesitan confiar en que sus conocimientos y sus necesidades influirán en las decisiones. Las autoridades públicas necesitan confiar en que las prioridades se basarán en evidencias. Los inversionistas necesitan confiar en que las propuestas son creíbles y que los resultados son medibles. Una estructura de planificación común puede aportar esa confianza y, a un tiempo, dejar margen para soluciones apropiadas en el ámbito local.

Normas moldeadas por la práctica

La experiencia de ICLEI Europe demuestra que el desarrollo de normas funciona mejor cuando parte de las realidades de quienes se espera que las apliquen. A lo largo de los años, hemos explorado este principio a través de diferentes proyectos que abordan aspectos particulares de la resiliencia urbana.

En el proyecto Smart Mature Resilience, ICLEI y sus aliados colaboraron con los municipios para crear conjuntamente una Orientación europea sobre la gestión de la resiliencia y las herramientas asociadas. En conjunto, sirvieron de base para tres documentos de orientación basados en el consenso publicados por el Comité Europeo de Normalización (CEN), que abarcan la planificación operacional, la madurez de la resiliencia y un portal de información.

En lugar de comenzar por una definición teórica de lo que deberían hacer las ciudades, el proceso se basó en la experiencia, conocimientos especializados externos y cocreación iterativa. Con ello, se reflejaba un principio importante: las normas no se elaboran al margen de su implementación; se basan en las realidades de quienes tienen que ponerlas en práctica.

ISO 14092 ofrece una nueva oportunidad para poner en práctica este principio. Su verdadera medida del éxito no será solo la publicación, sino lo que ocurra después: si ayuda a las autoridades locales a tomar mejores decisiones, coordinar responsabilidades, desbloquear inversiones, involucrar a las comunidades y proteger a las personas y los lugares más expuestos al riesgo climático.

Por lo tanto, el siguiente paso es apoyar la implementación. Los gobiernos locales y las comunidades deben ser capaces de comprender y aplicar la norma de manera que refleje sus propios riesgos, capacidades y prioridades. En la práctica, esto se traduce en normas que puedan aplicarse a escala local, que vinculen la adaptación al clima a la reducción del riesgo de desastres y la inversión, que respalden una participación significativa y que estén concebidas para el aprendizaje continuo a medida que evolucionen los riesgos climáticos.

Sin duda, exigirá una cooperación continua entre las redes de municipios, los gobiernos nacionales, los profesionales y los financiadores. Es una de las conversaciones que espero mantener en París: cómo garantizar que las Normas Internacionales ofrezcan un apoyo práctico allí donde se necesita resiliencia, en nuestras ciudades y comunidades.


Invierta ahora… o pagarlo después. Súmese a nosotros en la Reunión anual de ISO 2026 para analizar cómo las normas pueden ayudar a las comunidades a desarrollar la resiliencia climática.

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